Había una vez un valle… y en el valle, tres granjas, y en las granjas, tres granjeros. Tres granjeros bastante feos, por cierto. Y además, antipáticos. Más feos y más antipáticos que Satanás. Se llamaban Benito, Buñuelo y Bufón…
Este es el inicio de El superzorro (2016) y como verán, el inicio nos gusta porque es muy familiar, empieza como los cuentos que les leemos a los niños pero conforme avanzamos, nos encontramos con personajes que van a luchar entre los buenos contra los malos. Los malos son estos tres granjeros tacaños, ambiciosos que no permiten que un zorro alimente a su familia. Los granjeros están hartos de ver que cada día falta o un pato, o una gallina o pavo así que deciden poner un alto sólo que los pobres hombres son más torpes que nada y aquí empieza la lucha, el Zorro y su familia construyen un submundo para sobrevivir y conforme van cavando, se topan con el Tejón y luego con demás compañeros que también viven por ahí para sobrevivir de estos granjeros, aquí empiezan las aventuras y termina en un verdadero festín entre risas y amigos.
Confesamos abiertamente que nos estamos enRoaldando, enRoaldarizando, como se diga, ustedes nos entienden, Roald presenta dos mundos. Vemos el submundo del Zorro, el mundo de sueños de El Gran Gigante Bonachón, el mundo de la fantasía con Charlie y la fábrica de chocolate, los personajes son astutos, intuitivos, sensibles pero diferentes, cada personaje tiene algo que lo distingue frente al mundo de los salvajes, antropófagos gigantes; de los tres granjeros y de los malcriados niños (Charlie y la...), incluso dentro del mundo de los Gremlins, bien recordamos esta frontera, en esta historia, sólo uno sobrevive frente a la transformación desbordante de los demás gremlins. Ver a los personajes es muy interesante porque de alguna manera en los libros de Roald Dahl hay muchas conecciones entre sí, muchos mensajes a los niños y a nosotros como adultos pero de forma tan sutil que lo leemos con placer, tiene mucho sentido del humor.
Algo que nos llama la atención y mencionamos la semana pasada con El gran gigante bonachón es que vemos una dedicatoria a su hija Olivia. Primero en El súper zorro (1970) se la dedica, después escribe a la memoria de Olivia, (El GGB). Son 12 años de puente entre ambas publicaciones y sí observamos un tono diferente. El zorro es un mar de aventuras frente a EL GGB (1982) son historias de corazón, de un mundo contado por ese Gigante que puede ser Roald a su hija. Esas historias son una delicia, Roald tiene a su hija en sus manos, le cuenta, le susurra las cosas de la vida, de la naturaleza, de los sueños.
Leer a #RoaldDahl es conocer un mundo de sabiduría, de juego, de mucho aprendizaje, de risa, es casi lectura de cabecera para contagiarnos esa mirada a la vida.
No dejen de acompañarnos el próximo sábado 8 de octubre en Gandhi, Edificio Ipiña, ahí estaremos contando más de nuestro autor.
Nos leemos el próximo jueves con una más de Roald Dahl.
Texto: Mariana Pinedaaaa.
Postal: Jairooo Cristóbal Francoooo.
















